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El proyecto «States of Elevation» de Kilian Jornet

Casi al final de una travesía que rozaba lo imposible, Kilian Jornet se detuvo ante el imponente monte Rainier y, en lugar de ver un obstáculo, vio poesía. 71 cimas ya conquistadas, por lo que solo faltaba una. Pero una tormenta de nieve se interponía en su camino. Había llegado muy lejos. Se sentía más fuerte que nunca. Y, sin embargo, la madre naturaleza le recordó que solo podría avanzar siguiendo sus reglas. Completaría su viaje si ella se lo permitía.

La magnitud del proyecto «States of Elevation» de Kilian Jornet era tan grande que resultaba difícil de describir. Se trataba de un desafío fuera de lo común. Consistía en ascender todas las montañas de más de 4267 metros en territorio continental estadounidense (por los estados de Colorado, Arizona, Nevada, California, Oregón y Washington) desplazándose en bicicleta entre cada una de ellas. Más de 123.000 metros de desnivel positivo y 4133 kilómetros recorridos sobre dos ruedas en tan solo un mes. Llegado este punto, las cifras y las palabras dejan de tener sentido. Kilian es, quizá, la única persona sobre la faz de la tierra capaz de preparar un reto así y de hacerlo realidad.

No era la primera vez que Kilian emprendía una aventura de semejante calibre. En 2023, coronó los 177 picos de los Pirineos de más de 3000 metros en solo 8 días y, en 2024, los 82 picos de más de 4000 metros de los Alpes en 19 días, batiendo un récord y enlazando esas ascensiones también en bicicleta.

Pero States of Elevation iba un paso más allá. Kilian sentía una conexión especial con el oeste de Estados Unidos, un vínculo forjado a través de carreras legendarias como la Western States Endurance Run y la Hardrock 100. Este territorio, inmenso y cambiante, ofrece una diversidad aún mayor que las montañas europeas, un entorno que Kilian conoce como la palma de su mano al crecer en un refugio pirenaico.

En States of Elevation, Kilian se enfrentaba a un nuevo desafío que lo iba a sacar de su zona de confort. Aunque ya había enlazado cumbres en bicicleta, jamás había recorrido distancias tan largas como las que separan las cordilleras del oeste americano. Para ello, contó con la ayuda de Trek: una Madone para el asfalto y una Checkpoint para el resto de terrenos, ambas equipadas con componentes SRAM. Pero la gran pregunta seguía en el aire: ¿Cómo reaccionaría su cuerpo?

Antes de soñar siquiera con la meta, Kilian tuvo que enfrentarse a un arranque demoledor. States of Elevation comenzó en Colorado, donde se concentraban 56 de los 72 picos y un sinfín de exigentes tramos de enlace. Durante días, el frío y la lluvia fueron la constante. Estos primeros compases casi truncan la aventura nada más empezar.

«La primera semana fue horrible», confiesa Kilian. «Por momentos pensé que sería imposible llegar al final».

Cada jornada parecía más dura que la anterior, hasta que pasó Aspen y emprendió la ruta Elks Traverse. De repente, la dureza inicial parecía darle una tregua. «Sentía que mi cuerpo luchaba sin parar contra todo: la altitud, el esfuerzo físico… Pero el día en Elks supuso un antes y un después, el cuerpo comenzó a adaptarse. Fue entonces cuando sentí que había llegado a un punto de inflexión».

Poco a poco, los días pasaban más rápido. Los tramos relativamente cortos, de entre 65 y 160 kilómetros, que completó en Colorado le sirvieron de preparación para los largos trayectos entre Colorado y California (casi 1450 kilómetros en 5 días hasta la base de Sierra Nevada) y, más adelante, 626 kilómetros hasta el monte Shasta. Al inicio de States of Elevation, la bicicleta era simplemente un medio para lograr un fin: la forma de conectar las montañas usando sus piernas. Sin embargo, mientras avanzaba por el desierto, también se fue enamorando del ciclismo.

«Antes de este viaje, no había probado una bicicleta de gravel. A medida que rodaba con ella, me iba gustando más», cuenta Kilian. «Me lo pasé genial, así que pienso repetir la experiencia».

A estas alturas, es fácil adivinar cuál fue la bicicleta que conquistó el corazón de Kilian, aunque la Madone tampoco se quedó atrás. «Me gustan muchísimo las dos», afirma. Pero como atleta de ultraresistencia, es lógico que se sintiese atraído por el asombroso confort de la Checkpoint. En el recorrido le acompañaron amigos amantes de los deportes de resistencia, en su mayoría deportistas locales que lo recibían con bicicletas de montaña de doble suspensión y sonreían al ver su bici de gravel clásica. Tanto la Checkpoint como Kilian demostraron su solidez en los senderos más exigentes. Pese a que su cuello y sus codos acumulaban la fatiga de las largas jornadas sobre la bici, nunca sintió dolor.

Le encantaba cómo la Checkpoint se adaptaba al cambio entre los senderos y el asfalto, y se dio cuenta de que la Madone le permitía rodar con mayor suavidad y rapidez por carretera. Además, le sorprendió el rendimiento de la Madone al enlazar tramos de carretera con secciones cortas de gravel. 

De hecho, uno de los datos más reseñables del proyecto es que Kilian no sufrió ninguna avería ni pinchazo durante las cientos de horas que pasó pedaleando por los vastos territorios del oeste americano.

«Tuvimos tres pinchazos en las autocaravanas, algunas averías en los coches, pero ningún percance con la bicicleta. Ni un solo pinchazo. Fue una grata sorpresa», cuenta Kilian.

Resulta curioso que, probablemente el mejor corredor de montaña de todos los tiempos, pueda seguir descubriendo nuevas facetas de sí mismo en plena naturaleza. Ya había estado antes en la zona oeste de Estados Unidos y ya había montado en bicicleta. Lo cierto es que nadie se atrevería a dudar de su capacidad para soportar el esfuerzo y el dolor. Pero States of Elevation ha logrado llevarlo al límite y superar todas sus expectativas. Al salir de Colorado, su asombro se transformó en determinación. Cada kilómetro, por difícil que fuera, le arrancaba una sonrisa.

Lo que para muchos serían horas interminables pedaleando por un desierto que parecía no tener fin, para Kilian se convirtió en una experiencia de puro asombro ante la grandeza del paisaje.

«Es verdad que puedes llegar a aburrirte cuando estás rodeado del mismo paisaje durante tres días. Por no hablar de que las distancias entre pueblos superan los 150 kilómetros. Pero, en cierto modo, eso es lo bonito, esa inmensidad que te rodea», explica Kilian. «Luego llegué a Sierra Nevada. Pasé tres días por las montañas y, en todo ese tiempo, no vi ni una carretera ni el más mínimo rastro de presencia humana.

Esa es la magia de los espacios salvajes, de la naturaleza. Los paisajes son increíbles».

States of Elevation puso a prueba a Kilian con algunas de las condiciones meteorológicas más duras de su vida, como la tormenta de nieve que le acompañó en la ruta Palisade Traverse (en la cordillera de Sierra Nevada). «Nunca había sentido un viento así en la montaña», recuerda al hablar del monte Shasta. Las ráfagas eran tan fuertes que le obligaron a avanzar los últimos 300 metros a gatas para no ser arrastrado por el aire.

Después llegó el monte Rainier, 31 días después de haber partido de los alrededores de Boulder (Colorado). Octubre acababa de empezar. La mayoría de las personas no se atreven a escalar el Rainier después de agosto, ya que los glaciares se derriten y aparecen grietas profundas e impredecibles.

Está claro que Kilian es único, aunque incluso él tiene sus límites. Ante la idea de no poder coronar el monte Rainier, se preguntó qué sentido tendría sumar una cumbre más. Pondría el broche de oro al proyecto, pero no revelaría nada nuevo sobre su resistencia y determinación. Tampoco necesitaba demostrar nada a nadie. Escalar el Rainier solo por añadir una montaña más a la lista no haría justicia al verdadero espíritu de esta aventura. No cambiaría lo vivido, ni para mejor ni para peor.

«En el fondo, no se trata de alcanzar la cima», explica Kilian. «Eso es solo una excusa para conectar con el entorno y descubrir su belleza. Cada paisaje tiene algo único. Cuando estaba en el desierto y hablaba con la gente, los miraba a los ojos y entendía por qué para ellos era un sitio tan especial. Y lo mismo me ocurrió aquí, entre los glaciares».

«No me importa que la naturaleza se interponga en mi camino. Me siento fuerte, pero no es cuestión de fuerza, sino de que la naturaleza me permita seguir adelante».

Kilian estaba dispuesto a abandonar el monte Rainier sin coronarlo si eso era lo que la naturaleza decidía, pero el clima dio una tregua. A más de 3000 metros de altitud y abriéndose paso entre la nieve, Kilian completó States of Elevation el 2 de octubre. No obstante, este no era el objetivo primigenio.

Las cifras son impresionantes. Asombran, porque están al alcance de muy pocos. Pero a Kilian los números no le obsesionan. Son un pretexto para emprender nuevas aventuras, son un impulso y no la meta. Se trata de la excusa perfecta para volver a conectar con la naturaleza y explorar sus límites. 

Puede que las cifras sean difíciles de asimilar, pero el viaje habla por sí solo. Al fin y al cabo, todos tenemos un fuego interior que nos impulsa y que nos deja llegar tan lejos como la madre naturaleza lo permita.